¿Qué efecto tiene el afecto?
- Ariel Cohen Mirazo
- 30 ene 2021
- 1 Min. de lectura
Esta pregunta suele poner al descubrimiento la valoración social que adoptamos, construímos y sostenemos alrededor de una categoría imbricada en nuestra subjetividad: el afecto.
Pese a su capacidad de desplazarse (al mundo representacional, al cuerpo y a la palabra) puede condensarse en una compleja red de significados que posibilitan al sujeto enfrentar/enfrentarse tanto a su verdad, a su historia, como a los misterios e imprevistos que las mismas conllevan.
Por tanto no solamente es una vía regia que nos permite hacer consciente lo inconsciente (siguiendo a Freud) sino que también testimonia realidades del sí-mismo más o menos elaboradas.
Dejarse afectar por ende, rescata al sujeto del frío automatismo mecánico que otros, en una suerte de estandarización definieron como “lo esperable” frente a una determinada situación.
Ésto, sin embargo, tampoco implica quedar posicionados como rehenes del mismo o a su entera merced sino más bien, darle la entidad que merece como un acto de libertad más acá de la sensibilidad necesaria y potenciadora para indagar, conjuntamente, el sentido de su emergencia.





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