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El odio: ¿Es sin Objeto?

Con objeto o sin objeto, ¿es subjetivo u objetivo? ¿Es sostenido o sostiene discursos?


Freud hablaba de la desmezcla pulsional entre la que se encontraba la pulsión de muerte. Por lo tanto, puede ser pensada como energía no ligada que dependiendo del grado de elaboración de cada aparato psíquico puede ser en el mejor de los casos sublimada, o en uno de los peores, devenida en diversas manifestaciones odiosas. Vaya “paradoja”. ¿Es odioso el odio? Diríamos que depende al servicio de qué está.


Sin lugar a dudas en el odio podemos encontrar un intento (más o menos fallido) de separación, de diferenciación y hasta de individuación.


Ahora bien, ¿es acaso el único camino para llegar a tal fin? ¿No se debe quizás a un narcisismo “deficientemente constituído” que nota en la diferencia aquellos caminos “desviados” que no se identifican con el sí-mismo?


¿Qué puede hacer la terapia con el odio?


Ponerle palabras; mediatizarlo a través de otro, quitarle la certeza de su origen, y cobijar la incómoda pregunta de si el mismo es causa o consecuencia.



 
 
 

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